El triatlón plantea un problema de recuperación que los deportistas de una sola disciplina no tienen. La fatiga no se acumula de forma uniforme: se apila en capas superpuestas. Las piernas que nadan no son las mismas que corren, pero sí son las mismas que van en bici y que luego salen a hacer series de carrera.

El sistema muscular de un triatleta es un mapa de sobrecargas parciales que se van sumando a lo largo de la semana sin que ninguna disciplina por sí sola parezca excesiva.

Esta acumulación es la razón por la que la recuperación sistemática, y el uso de botas de presoterapia, son más importantes en triatlón que en casi cualquier otro deporte de resistencia. Mantener la calidad de entrenamiento en las tres disciplinas a lo largo de semanas y meses de preparación exige una recuperación que vaya más allá de salir de cada sesión. Y para eso, la presoterapia tiene un encaje muy claro.

El problema específico del triatleta con las extremidades inferiores

Las piernas son el denominador común del triatlón. En natación trabajan menos que en los otros dos deportes, pero aun así generan fatiga en gemelos y cuádriceps en estilos como el crol o la mariposa. En ciclismo, horas de posición sedente con trabajo continuo sin impacto pero con retención venosa. En carrera a pie, el impacto repetitivo sobre tejidos que ya llegaron cargados de la bici. El triatlón, en distancias medias y largas, encadena estas tres sobrecargas en el mismo día de competición y en las sesiones consecutivas durante la semana de entrenamiento.

La presoterapia actúa sobre el denominador común: las piernas. Una sesión al final del día, independientemente de qué disciplina se haya entrenado, drena la retención acumulada, activa el retorno venoso y reduce la inflamación sistémica de los tejidos de las extremidades inferiores. No diferencia entre la fatiga del ciclismo y la de la carrera: las trata a la vez.

Cómo encajarla en una semana tipo de triatlón

La forma más práctica es fijarla como el último bloque del día, después de cenar o durante el tiempo de televisión o lectura antes de dormir. Como parte del ritual nocturno, en lugar de planificarla como una sesión de entrenamiento más con la que hay que motivarse. 30-35 minutos, presión media, piernas estiradas. Eso cubre la mayoría de días de entrenamiento sin añadir carga cognitiva.

En días de doble sesión, que en triatlón son habituales, tiene más sentido aún. Si por la mañana has hecho bici y por la tarde toca running, una sesión de 15-20 minutos entre ambas sesiones puede ser el margen que separa una tarde de calidad de una tarde de aguantar el cansancio de la mañana.

La semana previa a la competición: llegar limpio a la salida

La semana de descarga antes de un triatlón tiene un objetivo claro: reducir la fatiga acumulada sin perder la activación. Bajar el volumen de entrenamiento resuelve una parte de ese trabajo. Asegurarse de que los tejidos llegan al día de la carrera sin retención, sin tensión residual y con la circulación en su mejor estado resuelve la otra parte.

Una sesión de presoterapia diaria de 20-25 minutos con presión moderada durante los cinco o seis días previos a la competición cumple esa función. Es mantenimiento activo, no recuperación intensiva. Llegar a la T1 con las piernas frescas y activas no depende solo de los kilómetros que hayas bajado esa semana.

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