Cuando alguien empieza con las botas de presoterapia, la pregunta que surge casi siempre es la misma: ¿cuántas veces a la semana hay que usarlas para que funcione? La respuesta honesta es que no existe una cifra universal, y cualquiera que te diga «tres veces» sin preguntarte antes cuánto entrenas está simplificando demasiado.
La frecuencia óptima de uso depende de un solo factor: la carga de entrenamiento que estás acumulando. La presoterapia es una herramienta de recuperación, y la recuperación solo tiene sentido en relación al estrés que la precede. Usarla con poca carga encima aporta poco; usarla insuficientemente cuando la carga es alta es desperdiciar la inversión que hiciste en su momento.
La regla de base: tantas sesiones como entrenamientos de calidad
Si entrenas cuatro días a la semana con dos de ellos de intensidad alta (series, intervalos, sesiones de umbral), esas dos sesiones exigentes son las que más se benefician de una presoterapia posterior. Los otros dos días, si son rodajes suaves o recuperativos, una sesión de presoterapia ayuda pero no es crítica. Así que en este escenario, entre dos y cuatro sesiones semanales es un rango razonable.
Pongámonos en el papel de deportistas de resistencia: para alguien que entrena seis días a la semana con cuatro de ellos de carga real, la presoterapia diaria empieza a tener sentido económico en términos de recuperación. Los corredores de fondo que preparan maratones, los triatletas de media y larga distancia o los ciclistas en bloques de carga suelen encontrar que usarla cada tarde-noche es lo que les permite sostener volúmenes que de otra forma erosionarían la calidad de los entrenamientos.
Cómo afecta acumular fatiga (y no ponerle remedio)
La falta de recuperación hace un efecto gota: una no se nota, pero cuando día tras día cae en el mismo punto, termina erosionando. La fatiga es sutil, las piernas llegan pesadas al tercer día consecutivo de entrenamiento, la potencia en las series baja sin razón aparente, el sueño empeora porque la activación simpática no baja correctamente. Son señales de que el sistema de recuperación no está al ritmo de la carga.
La presoterapia actúa directamente sobre el retorno venoso y linfático. Después de una sesión de entrenamiento intenso, los tejidos musculares retienen líquido intersticial, metabolitos del esfuerzo y marcadores inflamatorios. La compresión secuencial los moviliza hacia los vasos linfáticos y las venas de retorno, reduciendo el tiempo de restauración del tejido muscular. Eso, hecho con regularidad, se traduce en que llegas a más entrenamientos en mejor estado de base.
Semanas de carga versus semanas de descarga
La planificación del entrenamiento tiene ciclos, y la frecuencia de presoterapia debería acompañarlos. En semanas de carga alta —las que los fondistas llaman «semanas de golpe»— la presoterapia diaria tiene su mayor retorno. En semanas de descarga o de transición, dos o tres sesiones son suficientes. No tiene sentido mantener el mismo protocolo cuando el estrés al que responde varía tanto.
Hay un momento especialmente crítico que muchos deportistas amateur pasan por alto: la semana previa a una competición. Bajar el volumen de entrenamiento no significa que la presoterapia deba bajar también. Al contrario: la semana de descarga precompetición es el momento ideal para usarla a diario, con presiones moderadas, para llegar con las piernas completamente limpias el día de la carrera.
¿Y si un día no entrenas? ¿Vale la pena ponerse las botas igualmente?
Sí, y aquí está una de las cosas que más sorprende a quien empieza: los días de descanso activo son un buen momento para la presoterapia. Una sesión de entre 20 y 25 minutos con presión baja no añade estrés al cuerpo, pero sí mantiene el sistema linfático activo y puede acelerar la recuperación de cargas acumuladas de días anteriores. No es obligatoria, pero en bloques exigentes marca diferencia.
En resumen, y con esto cerramos: si entrenas tres días a la semana, con dos o tres sesiones de presoterapia tienes más que suficiente. Si entrenas cinco o seis días, el uso diario empieza a justificarse claramente. Lo que no funciona es la irregularidad: tres días seguidos y luego una semana sin usarlas. La recuperación, como el entrenamiento, funciona con continuidad.

